Todos tendemos a centrar el rendimiento académico en lo que sabemos o en lo que sabemos hacer: conocimientos teóricos y habilidades concretas que son fáciles de definir y medir.
Pero no se me ocurre nada más concreto que la empatía.
«La empatía es uno de los pilares de la moralidad: para que las personas sigan la regla de oro, es útil que sean capaces de ponerse en el lugar de los demás. También es un ingrediente clave para unas relaciones satisfactorias, ya que nos ayuda a comprender las perspectivas, las necesidades y las intenciones de los demás».
— Centro de Ciencia para el Bien Común de la Universidad de California en Berkeley
Los educadores comprueban de primera mano el poder que tiene proporcionar a los alumnos estos pilares emocionales.
Gracias a una combinación de las sensaciones y los sentimientos que experimentamos en respuesta a los sentimientos de los demás, y a la capacidad de identificar y comprender las emociones ajenas, los alumnos son capaces de cambiar su forma de ver el mundo y descubrir el lugar que ocupan en él.
De este modo, la empatía es el primer paso hacia el pensamiento crítico y las habilidades de liderazgo.
El reto para la educación consiste en definir un sistema concreto para enseñar la empatía en el aula y desarrollar las habilidades emocionales como parte del plan de estudios general.
Una forma en que los educadores pueden empezar a enseñar la empatía es incorporando la narración de historias o los medios de comunicación a sus clases.
La empatía es el eje central de muchas historias creativas centradas en los personajes. Es lo que capta nuestra atención y nos conecta con la trama.
Ya sea la historia brutalmente sincera de una joven periodista en Siria (NOT ANYMORE: A STORY OF REVOLUTION) o la inspiradora historia de un joven de 19 años nacido en la comunidad marginada de los «intocables» que encuentra su voz como organizador comunitario y periodista ciudadano (A NEW PATH), las historias pueden sumergir a los alumnos de lleno en la acción al conectarles con un protagonista con el que pueden identificarse.
Hemos observado este primer paso en la reacción de los estudiantes ante los documentales de impacto social.
«Me sorprende lo mucho que estas historias [de SIMA] me han hecho reflexionar sobre mi propia vida y mis propias decisiones, y sobre cómo puedo influir en personas que viven al otro lado del mundo con solo ver estas películas».
— Alumno de SIMA Academy
«La película me hizo darme cuenta de que hay problemas más importantes que los míos y de que no hay que dar las cosas por sentadas en la vida, porque para otras personas significan mucho más».
— Alumno de SIMA Academy
Los profesores han combinado las películas sobre temas específicos con debates y planes de clase, utilizando las reacciones emocionales de los alumnos ante la película como punto de partida para el aprendizaje.
Esto significa que, al tiempo que desarrollan la empatía, la compasión y la capacidad de ver las cosas desde otra perspectiva, los alumnos pueden adquirir los conocimientos que exige el plan de estudios de geografía, estudios globales, ciencias sociales y otras materias.
Al observar los problemas sociales con sus propios ojos, los alumnos pueden empezar a forjarse una visión del mundo más integral que fomente la comprensión y la aceptación, tanto dentro del aula como fuera de ella.